El Papa, la Camorra y la Palabra
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22/10/2008
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Los sucesores de San Pedro del Vaticano persisten en transitar el territorio pérfido y afiligranado de la ambigüedad en tiempos de confusión. Son estos tiempos de desvarío material y espiritual, crisis del cuerpo y del alma. Y en este maremágnum de adversidades, lo que se espera del oficio de sotanas es iluminación de certezas y pronunciaciones inequívocas en favor de los derechos de los seres humanos. Al fin y al cabo somos su materia prima, sobre la que edifican sus metafísicas y sus catedrales góticas. Se espera de ellos, pues, que abandonen la histriónica conducta de Poncio Pilatos cuando le pidieron permiso para torturar y asesinar a Cristo. Aquella histórica dejadez permitió la crucifixión de la Palabra evangélica, para dar paso al mito y a la iconografía de las sagradas formas. Abandono del mensaje esencial por un progresivo esplendor de las liturgias.

Tanto es así que, olvidando que vienen del Sermón de la Montaña y de sus orígenes subversivos en las catacumbas, los administradores del credo religioso dominante se desentienden de las persecuciones y las injusticias que se cruzan en su Camino.

Las estancias del Vaticano son recorridas en estas fechas por el fantasma de Pío XII, bendiciendo los tanques hitlerianos. La suya fue una excelsa miopía. Los nazis asesinaban personas en masa, pero El sólo veía una mancha borrosa. Y no hizo nada desde el solio pontifical.

Tampoco dijo nada definitivo la púrpura católica cuando el fundamentalismo islámico lanzó la fatwa de muerte contra Salman Rushdie por sus "Versos Satánicos". No dice nada la Curia en estos momentos, en que la Camorra napolitana amenaza la vida de Roberto Saviano por haber osado escribir su obra "Gomorra".

Quizá se trate de una cuestión de formas. Si el autor hubiera titulado su libro de otra manera...pero Gomorra y Sodoma siempre traen malos recuerdos en los habitantes de los templos. En ese capítulo del Génesis, el justiciero Yahvé tuvo que emplearse a fondo para purificar la ciénaga de la promiscuidad.

Cristo murió en la cruz por ejercer la libertad de expresión, explicando en público y a través de la Palabra su manera de ve el mundo. Esa manera de ver no coincidía con la de los ocupantes romanos de Palestina. Según el culto católico, matar al inocente es matar la verdad.¿Qué queda pues cuando se suprime o menoscaba el propio dogma? Hojarasca, pompa, liturgia, vacuidad, inercia. Turismo. Descredibilidad. Vaticano.

Sucede que estos días el Papa Ratzinger ha viajado, no se sabe por qué, hasta el sur de Italia. Durante su estancia en Nápoles ha rezado el rosario en Pompeya, pero ha evitado cuidadosamente aludir a los crímenes cotidianos de la Camorra, la mafia vampírica del lugar. Con su diplomáticas precauciones, Benedicto XVI ha acatado la omertá, ese silencio que resulta vital para la existencia de la mafia, sea siciliana o napolitana.

Mientras B.XVI evitaba mirar de frente el rostro de las evidencias, siete premios Nobel y una marea de indignación creciente en Italia impugnan la pena de muerte dictada por los capos camorristas contra Saviano. El escritor malvive en vilo. Lleva escolta permanente alrededor desde que se editó "Gomorra". Su pecado ha sido investigar y desvelar las constantes atrocidades de esos criminales atrabiliarios, organizados como un ejército clandestino del Mal.

El Papa rezó en Pompeya. Al igual que las bíblicas Sodoma y Gomorra, La lujosa ciudad de Pompeya fue totalmente destruída por una lluvia de fuego y azufre del volcán Vesubio en el año 79 de la era cristiana.¿Castigo de Dios, también? En Pompeya había abundancia de lupanares y se pecaba a menudo y publicamente contra el mandamiento del control genital.

Y, tal y como en el siglo XXI, lo uno lleva a lo otro. La historia (sagrada) se repite cíclicamente. Tras los trabajos de desescombro arqueológico, a la entrada de la antigua ciudad se puede contemplar la existencia de una inscripción: Salve, lucum (Bienvenido, dinero).

Ver Nápoles y después morir, dice el adagio. Y la Camorra se emplea a fondo para que se cumpla, dando trabajo extra a los sepultureros. A la púrpura no parece preocuparle el Mal. A la Curia le inquietan mucho más otros males como el laicismo, ya que, de implantarse en la sociedad, los padres de la iglesia se quedarían sin empleo. Malos tiempos para los pastores si no tienen rebaños de ovejas. Por esa razón se dan al rasgado de vestiduras y a la propaganda. Pero la propaganda de la fe precisa muchos denarios y nunca son suficientes. Y, como se sabe desde el advenimiento de la saga mafiosa de "El Padrino", los que ofrecen donativos siempre piden algo solemne a cambio. O redención o silencio.

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