Pantuflas
enviar este artículo
08/01/2013
.
Acabo de volver de unos días de asueto, sin ordenador, ni wifi, ni tabletas ni demás herramientas. Solamente el teléfono; más que nada por si a Rajoy el errabundo, en uno sus constantes palos de ciego, se le ocurre dar un golpe de estado a la sociedad civil, so pretexto separatista catalán o euskaldún... Todo es posible en el ibérico mundo de la tauromaquia fiscal Montoro, la cultura de burladero Wert, el arte político de la escalera caciquil gallega, la peineta multiplicadora de sueldos de Cospedal y,en general, el desdén monclovita por el sentido común...Siguen adelante con sus planes de acoso y destrucción de los servicios públicos, a pesar de que el propio Fondo Monetario Internacional, o sea, el Dios del neoliberalismo, admite su error de obligar a semejantes sacrificios.

Y así de halagüeño el panorama, nada más llegar a casa me tropiezo con la entrevista que Jesús Hermida (periodista) le hizo al rey campechano. Fue en la televisión española. Se dice que en el país de los ciegos el tuerto es el rey. Así que la entrevista fue en realidad una entretuerta. Si, como su propio nombre indica, la materia prima de la televisión es la imagen y el sonido, no hubo acierto en la puesta en escena. Por lo que se ha visto y oído, Hermida debió entrevistar al rey de rodillas y con la boca de hablar a la altura de la real bragueta.

Vaya dos y menudo espectáculo de vasallaje. En la pantalla se podía ver a dos viejos lagartos frente a frente y en pantuflas mentales. Un monarca abotargado y ayuno de luces, aunque listo como un percebe adosado con fuerte pegamento a la roca que le da la vida; o la vidorra, según se mire. Enfrente, un Hermida que pasa por ser un pope del oficio, pero en realidad uno de los mayores bluffs en un país donde no faltan los fiascos encumbrados. En su código curricular se ha apuntado el tanto de la entrevista exclusiva al Borbón. No habrá tomado nota del soberano ridículo, de ninguna manera. Eso no entra en su imaginación deslumbrada por la hojalatería de la corona.

La pregunta que me asalta es si el periodismo convencional español puede caer aún más bajo.
.